Del espectáculo mediático que ha generado el rescate de los 33 mineros de Chile me quedo con muchas imágenes y con una gran satisfacción por lo que el ser humano es capaz de hacer "cuando quiere", o le interesa para salvar una vida, en este caso 33. A estos pobres hombres que durante toda su vida han trabajado en condiciones precarias, metiéndose en las entrañas de la tierra sin más contacto con el exterior que una carretilla en unos viejos railes y unos raídos ascensores, el mundo les ha demostrado su condición de HUMANOS. 33 hombres han sido capaces de movilizar la última tecnología procedente de la NASA, han sido capaces de atraer la atención de organismos internacionales que han prestado todo el material necesario para poder sacarles del infierno, también han sido capaces de sensibilizar del mismo modo a gobiernos enteros, a casas de familia y a medios de comunicación todo el planeta. En definitiva, han removido otras entrañas además de las terrestres, para que los mismos dineros, los mismos medios y la misma tecnología militar capaz de acabar con cientos, miles de vidas en muy poco tiempo, sean capaces de salvar las suyas propias.
Además de las imágenes y el orgullo como ser humano, me quedo desgraciadamente con una contradicción en mis entrañas: ¿Cómo podemos emplearnos a fondo de la misma manera para salvar 33 vidas que para acabar con cientos de miles? Como somos!! Debe ser la condición o la contradicción humana...
Creo que es más bien la condición humana aunque, bien mirado, somos pura contradicción. Ay Dios! Si es que no hay quien nos entienda: millones de personas atentas a la televisión, emocionadas ante el rescate de unos pocos de forma milagrosa y, por otro lado, de espaldas ante el sufrimiento y muerte de millones de personas cada día...
ResponderEliminarSí, entiendo tu reflexión ¡cómo somos!
¡Desde luego! querida Gracia ¡cuánta razón! El otro día veía un vídeo de youtube sobre un proyecto que un humilde profesor presentaba en una zona rural de Colombia para facilitar el acceso a la cultura de niños y jóvenes del campo sin medios para estudiar. Y una cosa que dijo, me llamó muchísimo la atención: si formamos a niños para el conocimiento, estamos formando a niños para el NO a la guerra.
ResponderEliminarA veces, me parece una quimera, una utopía y pienso que esta misión (la de formar) es tan complicada, que no podría sembrar ese atisbo de esperanza para educar jóvenes que cambien el mundo y sean capaces de posicionarse ante la vida con soluciones,lo suficientemente avanzadas o quizás lo suficientemente sencillas, como para poner fin a las situaciones paradójicas de la vida (tal como la que comentas)
La injusticia social que vivimos en la actualidad se pone de manifiesto cada día y, siempre me queda el mismo sabor que a ti.
¡Me encanta tu blog! Sigue aportando tu visión del mundo al mundo porque las sinergias que suscitas, quizás, querida Gracia, quién sabe, sólo quizás, produzcan cambios en los demás, y así, en el mundo. ¡GRACIAS!
Con mi respeto y admiración,
una simple profesora.